lun 5a. Ordinario año impar (Id=130)
[col][lect][ofre][pref][com][despcom]
Adoremos a Dios en su santo templo; él nos hace habitar
juntos en su casa; él es el poder y la fuerza de su pueblo.
Oremos:
Padre santo todopoderoso, protector de los que en ti confían; ten misericordia
de nosotros y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a fin
de que no nos impidan alcanzar los del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Dios dijo y así fue
Lectura del libro del Génesis
1, 1-19
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era
una soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el espíritu de
Dios aleteaba sobre las aguas.
Y dijo Dios:
"Que exista la luz".
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A
la luz la llamó día y a las tinieblas noche.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
"Que haya un firmamento entre las aguas para separar unas aguas de
otras".
Y así fue. Hizo Dios el firmamento y separó las aguas que hay debajo, de las
que hay encima de él. Al firmamento Dios lo llamó cielo.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
"Que las aguas que están bajo los cielos se reúnan en un solo lugar, y
aparezca lo seco".
Y así fue. A lo seco lo llamó Dios tierra y a la acumulación de las aguas la
llamó mares. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que
den en la tierra frutos con semilla de su especie".
Y así fue. Brotó de la tierra vegetación: plantas con semilla de su especie y
árboles frutales que dan fruto con semilla de su especie. Y vio Dios que era
bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
"Que haya lumbreras en el firmamento celeste para separar el día de la
noche, y sirvan de señales
para distinguir las estaciones, los días y los años; que brillen en el
firmamento para iluminar la tierra.
Y así fue. Hizo Dios dos lumbreras grandes, la mayor para regir el día y la
menor para regir la
noche, y también las estrellas; y las puso en el firmamento para iluminar la
tierra, para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y
vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 103, 1-2a.5-6.10.12.24 y 35c
Bendice al Señor, alma mía.
Laetétur Dóminus in opéribus
suis.
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande
eres! Vestido de majestad y de esplendor, envuelto en tu manto de luz.
Bendice al Señor, alma mía.
Laetétur Dóminus in opéribus
suis.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos y permanecerá
inconmovible para siempre; le pusiste el océano como vestido y las aguas
cubrían las montañas.
Bendice al Señor, alma mía.
Laetétur Dóminus in opéribus
suis.
De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las
montañas; en sus riberas anidan las aves del cielo, que dejan oír su canto
entre las ramas.
Bendice al Señor, alma mía.
Laetétur Dóminus in opéribus
suis.
¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con
sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas.
Bendice al Señor, alma mía.
Laetétur Dóminus in opéribus
suis.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del Reino y curaba a la gente de toda enfermedad.
Praedicábat Iesus Evangélium
regni, et sanábat omnem infirmitatem in pópulo.Aleluya.
Cuantos lo tocaban quedaban curados
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 53-56
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la
travesía del lago, y tocaron tierra en Genesaret.
Pero al
desembarcar algunos lo reconocieron. Recorrieron toda aquella región y
comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían decir que se
encontraba Jesús. Cuando llegaba a cualquier ciudad, pueblo o aldea, colocaban
en la plaza a los enfermos y le pedían que les dejara tocar siquiera el borde
de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban sanos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta,
Señor, estos dones que tu generosidad ha puesto en nuestras manos y concédenos
que nos santifiquen y nos conduzcan a la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Proclamación del misterio de Cristo
Es
justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor nuestro.
Cuya muerte celebramos unidos en caridad, cuya resurrección proclamamos con
viva fe, y cuyo advenimiento glorioso aguardamos con firmísima esperanza.
Por eso,
con todo los ángeles y santos, te aclamamos proclamando sin cesar:
[Misa]
Los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios
rebosando de alegría.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que esta eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, Señor,
nos ayude
a corresponder al don inefable de su amor y a procurar cada día nuestra
salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.